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Arreo llega al Festival Internacional de Cine de los Países del Sur del Mundo


El Festival Internacional de Cine de los Países del Sur del Mundo (FICSUR) es un Festival anfitrión de la Cinematografía mundial con eje en el Sur, es decir, América Latina, África y Oceanía. Se desarrolla del 1 al 8 de julio, en diferentes espacios de la Ciudad de Buenos Aires, tales como UMET, Malba, Gaumont y la Alianza Francesa.

FICSUR, en esta I Edición, tendrá una sección especial de CINE y MODA, entendida como usos y costumbres, “modos”, valores y tendencias, tanto estéticas como éticas, reflejados en el cine y la cultura de cada país.

Está pensado como un importante espacio de encuentro cultural e industrial de los países del Sur del mundo. Y es, además, anfitrión del mejor cine mundial desde la perspectiva del Sur.

FICSUR es un ejemplo estratégico que pone a la cultura, herramienta fundamental en la construcción de la identidad, como eje de esta integración, en un encuentro internacional de cooperación, intercambio y ventana al mundo.

De este modo, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Venezuela, Uruguay, Australia, Nueva Zelandia, Egipto, Argelia y países invitados, serán los protagonistas del Festival y habrá diferentes secciones, competitivas y no competitivas.

El documental Arreo, de Tato Moreno participará de la Competencia Internacional Documental.

Un film multipremiado

Tras haberse presentado en diferentes partes del mundo y haber obtenido importantes premios, este film mendocino llegará a la primera edición del FICSUR.

Néstor “Tato” Moreno, es un realizador local que aborda la Mendoza profunda. Refleja la vida de una familia de puesteros de chivos en Malargüe, departamento donde el director pasó tres años filmando. El resultado fue una película que plantea diversas temáticas como el sentido de la vida, el valor de la tierra, la propiedad privada y el trabajo.

Este film retrata la historia de Eliseo Parada, su esposa e hijo, puesteros trashumantes del sur de Mendoza, quienes deben enfrentar la amenaza que representa el progreso para su única fuente de sustento y la incertidumbre de no saber por cuánto tiempo más, sus propios hijos mantendrán esta tradición pastoralista, transmitida de generación en generación.