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Desde mañana la obra de Enrique Sobisch se expondrá en el Le Parc


Recuperar la obra de grandes referentes locales es una de las misiones de la Secretaría de Cultura y eso es lo que ha hecho con Enrique Sobisch. Desde mañana, a las 20, se expondrá “La línea no existe”.

Cultura ha trabajado junto a la esposa de Enrique Sobisch, para realizar un relevamiento de la obra y montar una exposición que busca difundir y poner en valor a este gran referente sanrafaelino, reconocido en todo el mundo.

La primera etapa, que consistió en el fichaje y el relevamiento fotográfico de la colección, fue realizada por Pablo Chiavazza y Eduardo Dolengiewich, por iniciativa de de la Secretaría. Como curador de la muestra que se inaugurará mañana, en el Le Parc, trabaja el mismo Chiavazza, quien explicó que “en principio, se planeó un relevamiento de las obras, que estaban en manos de su esposa, para recuperar su identidad, que con el paso del tiempo se ha olvidado. Esta tarea implicó un trabajo de archivo completo, para recuperar sus obras, que habían estado resguardadas todo este tiempo y así poder desarrollar una muestra que esté a su altura”.

La exposición, que lleva por nombre La línea no existe, consistirá en plantear los cambios de estilo por los que fue pasando Sobisch e intentará, principalmente, rescatar la figura que ha sido como artista intelectual. Podrá visitarse hasta el domingo 1 de julio.

De San Rafael al mundo

Sobisch nació en San Rafael, en 1929 e inició sus estudios en la Academia Superior de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Cuyo y simultáneamente, en la Escuela Provincial de Bellas Artes. Compartió sus estudios con pintores mendocinos como Carlos Alonso, con quien se disputaban el título a mejor dibujante de la provincia.

En su etapa inicial, abordó el cubismo, el tachismo y el fauvismo. Realizó su primera exposición en 1953, en la Ciudad de Mendoza y le siguieron decenas de muestras individuales y colectivas, tanto en el exterior como en Argentina.

Con el paso del tiempo, fue incursionando en el expresionismo y en la neofiguración, movimiento que tuvo repercusión en la década de los setenta. Una vez radicado en Madrid, inició el que sería su lenguaje definitivo, el realismo y finalmente, recaló en el hiperrealismo.

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