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Mendoza vibró con el espectáculo “Tejido en tiempo de Vendimia”


El Frank Romero Day recibió a miles de mendocinos y turistas para celebrar la Fiesta Nacional de la Vendimia. Tejido en tiempo de Vendimia, con la dirección de Alicia Casares, fue ovacionada por el público.  

La previa comenzó con el ritmo y la música de Patricia Giner dando inicio al Acto Central de la Fiesta Nacional de la Vendimia. El cielo del albañil, El cosechero, La cueca del cosechador, La tucumanita y Doña Maclovia, entre otros temas, interpretó la reconocida artista.

Posteriormente, los locutores Jonathan Navarro, de San Rafael, y Luis Serrano realizaron juegos y sorteos con interacción de los espectadores. Un auto, importantes premios de TeleKino y Fuentemayor fueron algunos de los premios que se llevaron los ganadores.

Tejido en tiempo de Vendimia 

Tejido en Tiempo de Vendimia, bajo la dirección general de Alicia Casares, representó un día de cosecha en Mendoza, cuyos principales temas fueron el amor y el trabajo vitivinícola. Fueron 17 cuadros, en los que se entretejió el romance con el trabajo de nuestra tierra. Los protagonistas fueron dos cosechadores, José y Mariela, que en un día de finca y bajo la atenta mirada de un narrador, vivieron intensamente la experiencia de la cosecha.

La puesta contó con 852 artistas en escena, 208 bailarines contemporáneos, 344 bailarines folclóricos, 30 bailarines con discapacidad, 185 actores, 15 acróbatas aéreos, 18 acróbatas de piso y un ensamble integrado por 52 músicos y cantantes.

La música, a cargo de Mario Galván, fue 50% de canciones originales y el otro 50% de autores reconocidos. El músico combinó elementos tradicionales como el malambo o la cueca, con otro innovador como tecno y ritmos urbanos, modernos y populares. Acróbatas aéreos y pantallas fueron protagonistas. Por primera vez, Vendimia se vistió en su totalidad con las pantallas de animaciones y los videos artísticos contaron con animación 3D y 2D.

El teatro de sombras fue marcando las transiciones y combinando lo antiguo con lo contemporáneo. Hubo pantallas LED, con animación y sumado a esto las artesanales cajas de luces del artista plástico Eduardo González.

El espectáculo

La escena del “Amanecer” vibró con la deliciosa obertura instrumental original e inédita compuesta por Mario Galván. Y desde ese primer momento aparecieron los ovillos: unos luminosos, otros de colores, que junto a otros elementos del tejido que se hicieron presente como el leitmotiv de la fiesta.

Otro momento que impactó fue las cinco “mujeres parra”, de cuyos miriñaques se desprendieron las viñas tejidas que se convertirán en las hileras de viñedos de la finca. Las cinco actrices trabajaron sobre las estructuras de metal hecho a mano.

Es importante destacar el personaje de Mariela, como lo femenino en general a lo largo de la fiesta, en un claro reflejo del momento histórico que estamos viviendo en pos de la igualdad de derechos y la reivindicación del rol de las mujeres en nuestra sociedad.

Y a la sombra de un gran parral surgió el amor. El romance entre Mariela y José. El Narrador y los ovillos fueron testigos del desarrollo de esta historia. Una de las creaciones más exquisitas musicaliza este cuadro cargado de romance y ensoñación: “Zamba del peón golondrina”, con letra de Noemí Martínez, 95 parejas de bailarines folclóricos que danzaron esta zamba que quedará en el recuerdo de los espectadores. Los actores realizaron un esplendoroso tejido en escena.

El realismo mágico subió al Frank Romero Day de la mano de Analía Garcetti, cantautora mendocina que interpretó Las tejedoras, obra de su autoría. A la vez, dos mujeres con trenzas larguísimas y poseedoras del conocimiento ancestral transmitieron a las nuevas generaciones los secretos del tejido.

Asimismo, hubo una escena de trabajo con cambio abrupto de ritmo y energía. El escenario se trasformó en una bodega en pleno funcionamiento, con tuberías de utilería, el espacio se transformó ante los ojos del espectador. Un gran trabajo de escenografía digital donde la tecnología y el arte se combinaron en una propuesta desafiante e innovadora.

Luego sonó un cogollo de tonada y la enorme poesía de Armando Tejada Gómez. La farra del patio cuyano tuvo su continuidad en esta escena de danzas típicas argentinas. Una zamba carpera, después una chacarera con 15 parejas de chicos con discapacidad, rasguido doble y la firmeza sureña, para terminar con un potente malambo. Todas las danzas fueron enlazadas al son de un simbólico pericón.

A la celebración se unieron los viñateros, un aire europeo, la presencia del inmigrante que levantó su bodega a fuerza de trabajo y fe en estas tierras. En vivo se escuchó el famoso Brindis de La traviata (“Libiamo ne’ Lieti Calici, La traviata”) cantado maravillosamente por Mariano Leotta y Griselda López Zalba.

La tormenta de granizo, como negra amenaza, dio pie para ruegos en lenguas originarias que se entremezclaron con plegarias a la Virgen de la Carrodilla, patrona de viñedos.

Asimismo, el tango mantuvo el hilo conductor del “tejido” con El día que me quieras y Mariposita. También se bailaron danzas representativas de los trabajadores de Latinoamérica, con grandes faldas con los colores de las banderas de los países de nuestro continente.

Para finalizar, la canción El témpano derivó en un vibrante y estremecedor Malambo patrio y el escenario se llenó de artistas, que con sus danzas y actuaciones tejieron un nuevo tapiz celebrando la nueva y magnífica obra, fruto del trabajo colectivo, como es nuestra Vendimia, al son del Canto a Mendoza.

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